Adjetivo número 2

No me hables de amores imposibles si no has dado todo en un instante, por alguien. Si

no has nadado a contracorriente en un mar repleto de dudas. Si no has cogido aviones

con más miedo por aterrizar que por no llegar nunca tierra.

No me hables de amores imposibles si nunca has querido tan fuerte que ha dolido, si

no has sentido la rabia por tus venas cuando no era correspondido, si tu corazón no se

te ha salido del pecho cada vez que escuchabas su nombre.

No me hables de amores imposibles, ni de historias con finales felices. Porque las

historias que empiezan siendo imposibles, acaban por no terminar nunca.

Y yo he dejado de creer en los imposibles, y he aterrizado en su cuerpo cuando

avisaban con antemano que el viaje estaba repleto de turbulencias, cuando todos los

caminos me llevaban hacia la puerta de escape, hacia tu puerta de emergencia.

Y subí al avión, como quien monta en una patera arriesgando todo, como miran los

suicidas por la ventana. Y subí a ti. Y te cambié el adjetivo por improbable, que nada

tiene que envidiar al imposible.

Porque lo improbable es, por naturaleza, probable.

By María Hens

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