Tulipanes

El agua turbia de los canales fluye por la ciudad del libertinaje, bajo los balcones de las flores y los puentes de Monet, junto a edificios desiguales, estrechos, hundidos, como si la corriente los arrastrase, como si la dura historia reciente también lo hiciese. Las bicicletas vuelan en traje de chaqueta a sus trabajos, mientras un chico de rizos dorados descansa en un inmenso parque lleno de almas que abrazan el frescor de la hierba. Y cae la ligera lluvia que acaricia los cristales, y los variopintos paraguas se abren en la ciudad de los colores de Van Gogh, el mestizaje infinito y los litros de felicidad hecha cerveza en los barriles.

Y huele a marihuana en la ciudad de los tulipanes, en los portales y en los mercados, y los gatos se asoman a las ventanas para observar a aquellos que flotan entre dosis de Cielo y Tierra. Y cae la noche, y las figuras de porcelana de mil tonos y formas se exhiben en los frívolos escaparates de neón rojo. Y un extraño, agotado y elegantemente vestido en el tranvía, se dirige al distrito en el que el catálogo ofrece placeres vivos, donde el tiempo se detiene y no existe ni el Bien y el Mal, mientras el órgano de la calle contigua suena irónicamente en la casa de Dios.

Ámsterdam, ciudad de pecado y libertad en una Europa aparentemente civilizada, lugar para mentes abiertas y alocadas, puerto marinero de tránsito de miles de barcos que navegan en el mar del Norte, de la triple equis de origen incierto. Única. Salvaje. Impredecible. Como la tierra. Como el ser humano.

By Lucía Naveiro

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s