XXIII

Si todos los caminos llevan a Roma,

da la vuelta a su nombre

y

no

me

dejes

salir.

By María Hens

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Ivresse-Inconscience

Je l’ai perdue

Persistante, elle domine ma conscience.

Le dernier timide rayon de soleil s’enfoui dans cette masse informe.

Lutte éphémère acharnée

Tentant de s’enfuir de cette réalité déteinte

Etreindre l’ombre infinie de ses mouvements

Hantant ma routine agonisante

Sa perte côtoyait la boisson qui soulait ma peine,

Grisait mon cœur et apaisait ma déveine.

Sur un rythme lyrique, il me semble que je te bois

« Et si j’ai l’âme grise, tu sècheras mes pleurs ».

Petite fée Verte, ton frais parfum m’envoute

Dessinant dans l’ombre les traits de son visage

L’éphémère devient éternité

« Et je t’aime et je t’aime, oh mon dieu que c’est beau.»

Prolongent l’infini tu te vends à mon esprit

Agrandissant ce qui n’a pas de bornes tu m’immerge dans l’indéfini

A la lumière obscure, je me perds enfin dans l’abîme de ton regard

Dans la somnolence, l’inconscience insouciante

Je vagabonde guidé par ta sérénade guérissante

« J’aime entendre encore et puis encore la chanson des amours »

Absinthe, ne te fais plus attendre

Prends ma main vers le gouffre sacré

Ronger par son absence, je chavire dans le ruisseau de mes larmes

« Voilà que je m’enivre, je suis ton bateau ivre ».

Absinthe tu t’empare enfin de mon être impersonnel

Les murs coulent tels des sanglots torrentiels

Voix féminines raisonnantes dans mon corp assoiffé

Esprit abhorrant à la quête enivrée

Tes doigts exaltant caressent mes paupières

Ensevelie dans un sommeil sans fin

Je retrouve ma muse

Loin de la réalité,

La notre est bien plus belle

Fredonnant cette mélodie que j’entend à peine

Qui se déforme puis se tait.

« Avec toi je dérive »

Ma matrone m’entraine dans l’abysse intime

Plus je m’y perds, plus il grandit

Dans la nuit sombre et éternelle

Mon corps est comme mort

Doucement je m’abandonne,

Dans ces rêves qui m’emprisonnes.

L’imaginaire tisse sa toile de soie,

La réalité se déchire

Le ciel sans teinte est étoilé,

Je me fais emporté par ton ombre

Ses cheveux d’ébène hors de son lit de bois

Dans un monde où seul les anges vagabondent

Toute cette ambiance me rend heureux.

By Camelia Ryane

Birds

Today, the birds aren’t singing,

They have no reason to rejoice,

Their lips are sealed,

Their heads are bowed,

Another one is laid to rest.

 

But for them, there is never rest,

Their beautiful souls weighed down by the world they trusted,

Their feet cemented by blood and sweat,

Their feathers matted by dirt and grime,

They live where no one sees them.

 

When one dies, never to be seen again,

They mourn for each other,

But no one else seems to see,

All are blind to the suffering, blind to their demise,

But the birds see it all.

 

They see us pass by,

Tossing a crumb or two,

Stepping over, walking around,

Only to be addressed by a few,

While we are blind, they see it all.

 

In the cold, they shiver,

In the summer, they burn,

In the rain, they dampen,

We are numb to their suffering,

But the birds, they feel it all.

 

If we were the birds,

Feet tied to the ground,

Would we see?

Would we feel?

Would we care?

 

By Joy Cierrea

Tulipanes

El agua turbia de los canales fluye por la ciudad del libertinaje, bajo los balcones de las flores y los puentes de Monet, junto a edificios desiguales, estrechos, hundidos, como si la corriente los arrastrase, como si la dura historia reciente también lo hiciese. Las bicicletas vuelan en traje de chaqueta a sus trabajos, mientras un chico de rizos dorados descansa en un inmenso parque lleno de almas que abrazan el frescor de la hierba. Y cae la ligera lluvia que acaricia los cristales, y los variopintos paraguas se abren en la ciudad de los colores de Van Gogh, el mestizaje infinito y los litros de felicidad hecha cerveza en los barriles.

Y huele a marihuana en la ciudad de los tulipanes, en los portales y en los mercados, y los gatos se asoman a las ventanas para observar a aquellos que flotan entre dosis de Cielo y Tierra. Y cae la noche, y las figuras de porcelana de mil tonos y formas se exhiben en los frívolos escaparates de neón rojo. Y un extraño, agotado y elegantemente vestido en el tranvía, se dirige al distrito en el que el catálogo ofrece placeres vivos, donde el tiempo se detiene y no existe ni el Bien y el Mal, mientras el órgano de la calle contigua suena irónicamente en la casa de Dios.

Ámsterdam, ciudad de pecado y libertad en una Europa aparentemente civilizada, lugar para mentes abiertas y alocadas, puerto marinero de tránsito de miles de barcos que navegan en el mar del Norte, de la triple equis de origen incierto. Única. Salvaje. Impredecible. Como la tierra. Como el ser humano.

By Lucía Naveiro

Adjetivo número 2

No me hables de amores imposibles si no has dado todo en un instante, por alguien. Si

no has nadado a contracorriente en un mar repleto de dudas. Si no has cogido aviones

con más miedo por aterrizar que por no llegar nunca tierra.

No me hables de amores imposibles si nunca has querido tan fuerte que ha dolido, si

no has sentido la rabia por tus venas cuando no era correspondido, si tu corazón no se

te ha salido del pecho cada vez que escuchabas su nombre.

No me hables de amores imposibles, ni de historias con finales felices. Porque las

historias que empiezan siendo imposibles, acaban por no terminar nunca.

Y yo he dejado de creer en los imposibles, y he aterrizado en su cuerpo cuando

avisaban con antemano que el viaje estaba repleto de turbulencias, cuando todos los

caminos me llevaban hacia la puerta de escape, hacia tu puerta de emergencia.

Y subí al avión, como quien monta en una patera arriesgando todo, como miran los

suicidas por la ventana. Y subí a ti. Y te cambié el adjetivo por improbable, que nada

tiene que envidiar al imposible.

Porque lo improbable es, por naturaleza, probable.

By María Hens